Compañeros de batallas

Estoy orgulloso de hasta dónde hemos llegado en Picanya. Es un hecho. Y el resto de los ayuntamientos son conscientes, que donde ha llegado Picanya en muchos aspectos, entre ellos en materia de modernización, no han llegado otros muchos.

En ocasiones se tiende a atribuir a una o dos personas el mérito. Pero esto es un equipo, y aquí en Picanya, aunque con sus más y sus menos, se trabaja muy bien con muy pocos recursos. Si tuviésemos que hablar de eficiencia, Picanya es un ejemplo. Con un personal reducido a la mínima expresión y con el esfuerzo y la ilusión de todos sus trabajadores y trabajadoras.

Y en este caso quiero reconocer la enorme valía de mi compañero de departamento Pau Santonja. Un profesional como la copa de un pino, silencioso, trabajador, y que es responsable que todo este castillo de naipes no se caiga. He de decir que en mi vida profesional he conocido a grandes informáticos, grandes gestores y grandes directores. Pero Pau cada día me sorprende con su ética impoluta, su denuedo en el trabajo, su pulcritud y su eficacia. Jamás escurre el bulto, y jamás pone una mala cara para ninguna de sus tareas. Eso, que quieren que les diga amigos míos, hoy en día no es fácil de encontrar.

Cuando yo me hice cargo del departamento de informática, el alcalde me dijo que Pau sería mi compañero, puesto que ya estaba trabajando en el ayuntamiento (aunque en otro puesto) y que creía que íbamos a hacer un buen equipo. Y así fue. Gran intuición por su parte.

Sólo una mirada, dos palabras o el silencio son más que suficientes para saber tanto él como yo por dónde van los tiros en el día a día de nuestro trabajo.

Así da gusto.

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