Los funcionarios no se la juegan…

El otro día estuvo el inefable español que se fue a hacer las américas, Antonio Banderas , en el Hormiguero de Pablo Motos. y sus palabras han corrido como la pólvora en las redes sociales. Éstas no dejan de ser ciertas: “según una encuesta en España el 75% de la gente quiere ser funcionario. Así no se hace país. Un país se hace con gente que se la juega.”. Puede ser cierto que la gente lo que quiere es no tener problemas y que les traigan el sueldo a casa con la mayor comodidad posible, y esa parece ser la imagen del funcionario: alguien que no se la juega, que ha optado por ganar el dinero justo y necesario para poder vivir, pero no tener problemas con si llegará o no llegará ese dinero. Es decir, estabilidad.

Bien, me gustaría reflexionar un poco sobre el concepto. ¿Por que el funcionario tiene la imagen de una persona que “no hace país”? Es decir, de una persona que se acomoda, que va a la ley del mínimo esfuerzo. Que hace lo que le digan y punto. Y a veces ni eso.  Creo que en parte la culpa de esta imagen es de los propios funcionarios, pero también hay gran parte de culpa del sistema que hemos creado. ¿Creemos realmente que una persona que siempre hace lo mismo, encerrada en cuatro paredes, viendo todos los días las mismas caras, por mucha estabilidad que tenga es feliz? Somos animales, diseñados para luchar por nuestro sustento, sufrir por ello. Pelear, tener sinsabores y disfrutar de nuestras batallas victoriosas. Por otro lado hay una premisa que dice que todo aquello que no se mejora constantemente tiende al deterioro. Dicho de otro modo y en castellano antiguo: “meneallo”. Creo que muchos de los lectores se imaginan la cara amargada y gris de muchos funcionarios que les atienden en los centros de salud o que entran de los edificios del ministerio o de los gobiernos autonómicos. ¿Como es posible que no sean felices? ¿Cómo es posible que tengan esas caras? ¿Por que me tratan con esa amargura en la oficina de atención?

Creo que es por lo mismo: tenemos asumida en la sociedad que la máquina funcionarial es una masa inamovible que “siempre hace lo mismo”, que no se le puede tocar porque se enfada, y que además quiere trabajar lo menos posible. Igual estamos un poco equivocados en esto (o igual no del todo).

Partamos de la base de que la función pública es necesaria. Pero hoy en día se está viendo que en muchas ocasiones las entidades públicas no están preparadas para los retos y necesidades que les impone la sociedad, por ejemplo la Sociedad de la Información. Tenemos una tendencia de cientos de años de ser esa masa gris, que necesita ruedas de molino para mover un lápiz de una mesa a otra. Y esto es necesario cambiarlo. Por la felicidad de los propios funcionarios, y para “construir país” como dice Antonio Banderas en sus palabras. Pero para ello no es necesario que la gente deje de optar a ser funcionario. Lo que es preciso es reinventar de una vez este sistema anquilosado. Y esto se hace desde la demanda de la sociedad, pasando por una nueva oleada de viento fresco en cuanto a la función pública y la innovación, como el grupo de Innovadores Valencianos que se está forjando en estos momentos.

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Ejemplos de esto:

Y así podríamos mencionar decenas de ejemplos. Pero queda mucho por hacer. Un innovador privado, al uso del razonamiento de Banderas, trabaja, pelea, y recoge las mieles del triunfo, casi siempre en forma de dinero y reconocimiento. En el caso de los emprendedores públicos como mucho lo segundo, y en ocasiones es más vilipendiado que admirado, porque un innovador viene a mover los pilares centenarios que sustentan la supuesta “cómoda seguridad” de los funcionarios públicos. Eso que se conoce como “la zona de confort”. Esto es necesario cambiarlo. Porque si voy a asumir riesgos para no obtener mejoras retributivas ni reconocimiento, ¿Para qué lo hago? Únicamente por un motivo de satisfacción personal. Y eso está muy bien, pero es evidente que, especialmente si comparamos con la privada, estamos en clara desventaja, y es injusto.

Pelear para que esto cambie. Desde cada uno de nuestros puestos de trabajo. Directivos, administrativos, políticos… Hemos de darle la vuelta y el momento es ahora. ¿Se puede ser emprendedor en la función pública? SI. ¿Se puede construir país? Por supuesto que SÍ.

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Un comentario en “Los funcionarios no se la juegan…

  1. Elena dijo:

    Quizà cuando innovar supone acabar vilipendiado la fuerza ahorque y tengas que acabar asumiendo que mover los pilares es peligroso para uno mismo

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